24 de noviembre de 2011

Lección de GRATITUD

En los Estados Unidos se celebra esta semana el Día de Acción de Gracias, independientemente del origen de esta celebración, pienso que es importante tomar un día para reunirse con familiares y amigos cercanos, compartir una comida especial en espíritu de agradecer a Dios por todas las bendiciones que nos regala diariamente.

Desviándose un poco del Libro 3, decidí dedicar la clase de niños de esta semana a la GRATITUD.

Definición: es ser agradecido por lo que uno tiene. Es tener una actitud agradecida para aprender, amar y ser. Apreciar las cosas pequeñas que le suceden a uno y dentro de uno diariamente. Pensar positivamente. La gratitud brinda alegría.

Ejemplos de gratitud:

* Felipe estuvo enfermo esta semana, su vecina Patricia quien es también compañera de escuela, pasaba todos los días antes de llegar a su casa de la escuela, con fotocopias de su cuaderno con todas las tareas y lecciones aprendidas. Cuando Felipe se sintió mejor y regresó al colegio, le pidió a su mamá que le horneara un rico queque para llevarle a Patricia para agradecerle sus buenos actos.

* Pronto es el cumpleaños de Adrián, desde hace tiempo sólo tiene un deseo: una bicicleta, sus papás lo saben, pero no han podido comprarle una. Cuando llega a casa, lo esperan sus hermanitos y papás con un pastel de chocolate recién horneado (su favorito) y un regalo, aunque no es la bicicleta que esperaba, Adrián está muy feliz, porque lo importante para él es que su familia tomó tiempo para compartir su celebración y se sintió especial. El se siente muy agradecido por tener unos papás tan trabajadores y amorosos, sabe que tiene mucho más suerte que otros niños que sí tienen bicicletas.

Cita:
“Sé feliz y contento y levántate para ofrecer agradecimiento a Dios”


Cuento:

El robot desprogramado


Ricky vivía en una preciosa casa del futuro con todo lo que quería. Aunque no ayudaba mucho en casa, se puso contentísimo cuando sus papás compraron un robot mayordomo último modelo. Desde ese momento, iba a encargarse de hacerlo todo: cocinar, limpiar, planchar, y sobre todo, recoger la ropa y su cuarto, que era lo que menos le gustaba a Ricky. Así que aquel primer día Ricky dejó su habitación hecha un desastre, sólo para levantarse al día siguiente y comprobar que todo estaba perfectamente limpio.

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Continuación del cuento "El robot desprogramado" (presione más información)


De hecho, estaba "demasiado" limpio, porque no era capaz de encontrar su camiseta favorita, ni su mejor juguete. Por mucho que los buscó, no volvieron a aparecer, y lo mismo fue ocurriendo con muchas otras cosas que desaparecían. Así que empezó a sospechar de su brillante robot mayordomo. Preparó todo un plan de espionaje, y siguió al robot por todas partes, hasta que le pilló con las manos en la masa, cogiendo uno de sus juguetes del suelo y guardándoselo.

El niño fue corriendo a contar a sus padres que el robot estaba roto y mal programado, y les pidió que lo cambiaran. Pero sus padres dijeron que de ninguna manera, que eso era imposible y que estaban encantados con el mayordomo. que además cocinaba divinamente. Así que Ricky tuvo que empezar a conseguir pruebas y tomar fotos a escondidas. Continuamente insistía a sus padres sobre el "chorizo" que se escondía bajo aquel amable y simpático robot, por mucho que cocinara mejor que la abuela.

Un día, el robot oyó sus protestas, y se acercó a él para devolverle uno de sus juguetes y algo de ropa.- Toma, niño. No sabía que esto te molestaba- dijo con su metálica voz.

- ¡Cómo no va a molestarme, chorizo!. ¡ Llevas semanas robándome cosas! - respondió furioso el niño.
- Sólo creía que no te gustaban, y que por eso las tratabas tan mal y las tenías por el suelo. Yo estoy programado para recoger todo lo que pueda servir, y por las noches lo envío a lugares donde a otra gente pueda darles buen uso. Soy un robot de efeciencia máxima, ¿no lo sabías? - dijo con cierto aire orgulloso.

Entonces Ricky comenzó a sentirse avergonzado. Llevaba toda la vida tratando las cosas como si no sirvieran para nada, sin cuidado ninguno, cuando era verdad que mucha otra gente estaría encantada de tratarlas con todo el cuidado del mundo. Y comprendió que su robot no estaba roto ni desprogramado, sino que estaba ¡verdaderamente bien programado!
a aquellas otras personas.

Desde entonces, decidió convertirse él mismo en un "niño de eficiencia máxima" y puso verdadero cuidado en tratar bien sus cosas, tenerlas ordenadas y no tener más de las necesarias. Y a menudo compraba cosas nuevas para acompañar a su buen amigo el robot a visitar y ayudar a aquellas otras personas.


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